TEATRO
Viernes, 18. Sábado, 19.
SALA PEREDA 20:30 h.

Producciones Faraute &
Producciones Bastanis presentan

"El beso de Judas"
de DAVID HARE

REPARTO:
Oscar Wilde, Joaquín Kremel
Robert Ross, Juan Ribó
Bosie, Enrique Alcides
Sr. Moffatt, Emilio Gómez
Galileo, Luis Muñiz

EQUIPO ARTÍSTICO:
Dirección, Miguel Narros
Escenografía, Andrea D’Odorico
Vestuario, Ana Rodrigo
Iluminación, Juan Gómez Cornejo
Música, Luis Miguel Cobo
Ayudante de dirección, Luis Luque
Ayudante de escenografía, Marisa De Laiglesia

En todos los juicios lo que se juzga es la vida del que va a ser juzgado, de la misma forma que todas las sentencias son sentencias de muerte.

Me juzgaron tres veces. La primera vez dejé el banquillo de los acusados para ser arrestado. La segunda vez, para devolverme al calabozo. La tercera vez, para pasar dos años en la cárcel.

La sociedad, tal como la hemos constituido, no tiene un lugar para mí, no tiene nada que ofrecerme. Pero la Naturaleza, cuyas hermosas lluvias mojan por igual a justos que a pecadores, esculpirá cuevas en las rocas en las que yo pueda esconderme, y creará valles secretos en cuyo silencio pueda llorar sin que nadie me perturbe. Y esa Naturaleza cuajará la noche de estrellas para que yo pueda pasear al aire libre, en la oscuridad, sin tropezarme. Y sembrará vientos sobre mis huellas para que nadie pueda seguirlas y causarme daño; y me limpiará con la pureza de sus aguas salvajes y con hierbas amargas me depurará por completo…
Oscar Wilde


Dos momentos de la vida de un hombre, de un ser humano que lucha por defenderse de un modelo social que le acusa de tener la valentía de vivir su vida conforme a sus principios y lo que tal vez sea más provocador, conforme a sus sentimientos; aunque estos se dejen arrastrar por una pasión casi enfermiza que le llevará a la ruina. Porque una de las muchas contradicciones del ser humano es que éste persigue sus deseos aunque vayan en contra suya. Pero lo interesante del Wilde del Beso de Judas es que éste acepta, en un acto heroico de obstinada coherencia, el castigo que se le impone no sólo por no renunciar a una pasión sino por mantenerse firme a unos ideales que le convierten en modelo, en punto de referencia en la lucha por los derechos civiles y la libertad individual. En cualquier caso ésta, es una obra de amor y no sólo de pasión y es más difícil vivir el amor que la pasión porque a diferencia de éste, la pasión tarde o temprano termina por extinguirse.
Miguel Narros